jueves, 3 de junio de 2021

Cuando una vez toque música de John Dowland y me dijo alguien que era triste.

Un año toque en directo la fantasía de John Dowland ,https://es.m.wikipedia.org/wiki/John Dowland. 

Un laudista notable y su obra magnífica. Desde luego esa obra triste no es. Lo que pasa es que tiene una textura en algunos pasajes a varias voces. Claro es más difícil de escuchar. El afecto de ese tema para mi es elegante y noble. Evoca a una corte, le pega tocarla en un palacio. La obra es magnífica, pero a la persona pasional no puede gustarle. Su mente va muy rápida y es ávida de placer. Tanto selfie, narcisismo y molicie han hecho una bestia. Ya no es persona es bestia que parece una persona. Y con bestia no me refiero a los animales que no traicionan en orden cósmico. De lo óptimo el ser humano se vuelve lo pésimo. No hay término medio. Y la vulgaro-cracia alimentada por los sistemas del ocio y el halago, mimada y engañada. Ha invadido este mundo. Su ruido se me hace insoportable. Menos mal que no todos son así. Pero hay muchos y no saben distinguir ni los afectos de la música. 

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