Cada vez me pasa más que cuando estoy por la calle tengo una sensación, o más bien percepción, de la impermanencia de las cosas y personas que veo. Ya el mundo no me parece tan real en cuanto a su solidez, y es curioso que me encuentro con dos mentes en mi mismo. Una de ellas tiende como por inercia a verlo sólido y perenne, la otra sin embargo razona y al mismo tiempo percibe un poco vislumbrando la irrealidad en cuanto a permanencia de esas personas.
Son rostros que pasan, en sus cubículos móviles, metidos en su mundo. No son rostros felices, los veo preocupados, agitados, absortos en la cantidad de cosas que van a hacer. Pasa uno o una, pasa otro, otro, y otro... A dónde van?. Van a la tienda, a la fiesta, al centro comercial, al restaurante, vuelven del trabajo quien sabe. Da una sensación de fugacidad que no se me va. Incluso esos cubículos móviles, o sea, los coches, tan poco me parecen reales. A veces los veo como una anomalía, tanto coche por aquí y allá. Provocan tanto egoísmo, en sus tronos confortables sentados, con sus móviles...ya no los veo como los reyes de un mundo que es falso. Sus causas son finitas, pero así no pueden sentir que todo es pasajero, están en el olvido. La vida se ha convertido en un olvido de lo que es real y no muere. Una alucinación colectiva, una sugestión...el mundo moderno es una sugestión.
¿Y yo soy real?. Tampoco lo uno me lleva a lo otro. ¿Porqué me enfado?. ¿Que me lleva a preocuparme?...En eso reflexiono a menudo, pues si lo otro no es real, el yo tampoco lo es, al menos de la manera que por hábito se tiene a sentir.
Cuando la mente está relajada y despreocupada, a veces he sentido de que esas "bestias de metal" surge la paz. Están tranquilas, pasa una, pasa otra...se notan que están ahí, pero es como algo que pasa, un momento único e irrepetible que nunca, nunca volverá a existir igual. Cuando vivía en una ciudad más grande me paso eso, creo que varias veces. Estaban ahí, en paz, en esos momento mi atención estaba más en eso que en las personas de adentro.
¿Y con los edificios?. Pues también me pasa. El otro día cuando baje a la ciudad los percibía como menos sólidos en cuanto a su inmutabilidad. Esas enorme moles de arte moderno constructivista, parecían una ilusión. Su fealdad sigue molestando, pero parecen solo presente, una ensoñación mágica, una sólida y formidable ilusión con ese ruido de fondo de tantos vehículos, y tantos rostros tristes y duros. Pasa uno, pasa otro, la ciudad es el pensamiento de un mundo pretencioso, una ensoñación de locura que vive en el olvido de la muerte. Las moles de hormigón son emanaciones sin alma porque surge de una forma de vida sin alma. Pero de fondo hay una paz, yo ando por ahí. ¿Quién es el que anda?.
Después miro al sol, me parece más real. Esta inafectado, impasible, no falla, es tranquilo, no tiene prisa. Cojo mi vehículo y miro al cielo brevemente mientras conduzco. Que bonito atardecer, atardecer de un mundo que se acaba. A veces mi coche parece tener alma, no es tan pretencioso y me ha llevado a muchos sitios. Pero sigo viéndolo como un cacharro peligroso, una tartaja que se puede convertir en chatarra en un segundo.

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