Pero sin embargo, si no hubiera un "continuo" de algo, las acciones estarían separadas de sus efectos. Si nos estableciéramos a cada instante, por nuestra propia cuenta (sin ser creados por Dios que esta fuera del tiempo), como nos dice la errónea mente mundana, apareceríamos y desapareceríamos sin relación entre los instantes. Seríamos muchos instantes separados e inconexos, una imposibilidad. Ese continuo en el que el "yo" aparente va naciendo y muriendo es lo que sigue. Por eso "yo" no pude estar en otra vida pasada en otro cuerpo, pues el yo aparente esta con el tiempo del ahora. En cambio la mente mas profunda, mas allá del tiempo es el continuo necesario, un hilo y la trama necesario que en determinadas existencias están en el tiempo de ese mundo.
Decía un maestro zen llamado Dojen, que el tiempo comienza con la mente, no está fuera de ella. También santo Tomás habla del tiempo que está en la creación.
Sin embargo, si bien el tiempo no es el mismo ni se repite igual, en existencias como la nuestra determinadas por el espacio-tiempo, no es una línea recta simple. Muestra un movimiento circular, donde el principio de ese mundo al estar más unido a su origen "perfecto", al ir separándose, va aumentando en velocidad y ese mundo va poco a poco degradándose. El tiempo por tanto es circular. Es ahí donde están las edades del mundo, la edad de oro (paradisíaca), de plata, de bronce y de hierro, que es está edad. Aún así todo es más complejo y ojalá tuviera las respuestas. Pues el ser de cada uno, tampoco es solo el "yo" aparente, y ese continuo necesario no impide otros continuos. ¿Qué sería el alma?. ¿Quién eres tú?. ¿Quién soy yo?. Ningún sabio de la carne podrá decírtelo, realmente nadie puede. Sólo Dios o Buda (infinito), con ese espíritu que está más allá del más allá del más allá, puede iluminarte y dejarte intuir que somos algo más allá del tiempo y del ego. Y por tanto es solo en la experiencia del eterno presente, por pequeña chispa que sea, donde se vislumbra nuestra propia eternidad. Pero para eso hay que morir al ego, difícil tarea. Como dijo San Pablo, no soy yo, es Cristo que está en mi. Y sin ser el Cristo o el Buda, pues así fantasearíamos en el ego, y al mismo sin poder ser sin él, en esa aparentemente contradición, podemos ver que somos alma, más allá del tiempo. Y que ese ego, sobre todo el burdo, que está formado de pecados y por tanto de ilusiones, no es más que pasajero. En el morir al ego, esta el nacer en el reino de los cielos. Pues morir no es contrario a vivir, solo ha nacimiento. El reino de los cielos está en el aquí y ahora, pero no en el presente que aún depende y está unido al pasado y al futuro. Es un misterio, lo cierto es que apenas se vislumbre un poco, todos los prejuicios y limitaciones se caen, para luego volver otra vez a tiempo ordinario. A beber del agua del olvido, hasta que de una vez por todas, sin esfuerzo y cálculo, de forma espontánea...seamos libres de verdad. Jesús nos dijo la verdad os hará libres. Ay libertad, que lejos estás en este mundo radical y lleno de prejuicios y esquemas. Sólo Dios es libre de verdad en su eterno presente. Pero como fuera de Dios no hay nada, pues si no no sería infinito, es en nuestra vivencia como criatura separada, como sentimos el tiempo y el pasar, el morir y el nacer.
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