Depende sobre todo de el carácter (pathos) de la música, siempre es así y cada música tiene siempre un afecto o carácter.
Si cuando escuchamos música no sabemos esto, no por ello deja de influir en nuestra mente al igual que una cosa no deja de serlo porque no la veamos o creamos en ella. No nos domina pero si nos sugiere bastante y eso es algo más que suficiente.
Por su característica no conceptual entra directamente al nivel de las emociones y sentimientos. Por eso ni en esta sociedad mercantil y pragmática se puede prescindir de la música. Con ella se pueden sugerir emociones que ayuden a propósitos comerciales o de afiliación a alguna moda, costumbres o forma de pensar apropiada a los intereses predominantes.
Para ello es muy importante relegar la buena música a salas y audiciones, y alejarla por tanto de la población y convertir el estudio de música seria en una meta a veces imposible y sin salida, ya que suele ser para una minoría que solo la escuchará en algunos espacios y esta confinada a solo aquellos que tengan la paciencia de pararse un poco en ese torbellino mental que crea esta ajetreada vida actual.
En cambio una música fácil de escuchar y de carácter disipador que no requiera mucha atención al oyente es muy apropiada para sugerir determinadas cosas sin que nos demos cuenta. Así el oyente actúa sin pensar en lo que escucha porque es lo que interesa y puede comprar, fantasear, y así consumir, al mismo tiempo que no ser un problema para los grandes intereses.
Si cuando escuchamos música no sabemos esto, no por ello deja de influir en nuestra mente al igual que una cosa no deja de serlo porque no la veamos o creamos en ella. No nos domina pero si nos sugiere bastante y eso es algo más que suficiente.
Por su característica no conceptual entra directamente al nivel de las emociones y sentimientos. Por eso ni en esta sociedad mercantil y pragmática se puede prescindir de la música. Con ella se pueden sugerir emociones que ayuden a propósitos comerciales o de afiliación a alguna moda, costumbres o forma de pensar apropiada a los intereses predominantes.
Para ello es muy importante relegar la buena música a salas y audiciones, y alejarla por tanto de la población y convertir el estudio de música seria en una meta a veces imposible y sin salida, ya que suele ser para una minoría que solo la escuchará en algunos espacios y esta confinada a solo aquellos que tengan la paciencia de pararse un poco en ese torbellino mental que crea esta ajetreada vida actual.
En cambio una música fácil de escuchar y de carácter disipador que no requiera mucha atención al oyente es muy apropiada para sugerir determinadas cosas sin que nos demos cuenta. Así el oyente actúa sin pensar en lo que escucha porque es lo que interesa y puede comprar, fantasear, y así consumir, al mismo tiempo que no ser un problema para los grandes intereses.
A veces puede estar cargada de sentimentalismo pasional que se aleja del amor de verdad, otras veces es pegajosa y placentera, otras veces está hecha para producir una exacerbación y así ayudarnos a olvidar nuestra vida gris alejada muchas veces de nuestra esencia.
Por eso no es que en esta sociedad no se valore la música, se la valora mucho. Simplemente lo que pasa es que no interesa que la música sea de un tipo que nos ayude a despertar de este sueño hipnótico e imposible en el que se ha convertido esta sociedad de mercaderes que nos alinean para consumir sus "maravillosos" productos industriales. Los últimos románticos se opusieron al oscuro maquinismo y revolución industrial que ya empezaba a emerger. Unas nubes grises se avecinaban a la vieja Europa, un nuevo orden donde todo lo artesanal quedaría relegado a un segundo plano y donde los artesanos pasarían a ser "obreros" que terminarían por manejar solo máquinas.
David
Por eso no es que en esta sociedad no se valore la música, se la valora mucho. Simplemente lo que pasa es que no interesa que la música sea de un tipo que nos ayude a despertar de este sueño hipnótico e imposible en el que se ha convertido esta sociedad de mercaderes que nos alinean para consumir sus "maravillosos" productos industriales. Los últimos románticos se opusieron al oscuro maquinismo y revolución industrial que ya empezaba a emerger. Unas nubes grises se avecinaban a la vieja Europa, un nuevo orden donde todo lo artesanal quedaría relegado a un segundo plano y donde los artesanos pasarían a ser "obreros" que terminarían por manejar solo máquinas.
David
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