jueves, 2 de junio de 2016

Pensamientos







Siempre he estado contigo y fui el que te puso obstáculos constantemente, el amigo que te traicionó, la persona seductora, aquel que intentó hundirte.

Pase de cuerpo en cuerpo, de alma en alma para atormentarte, para hacerte fracasar y que así no parases de luchar por pequeños objetivos sin importancia, dinero, deseos, fama, poder… y te consumieses en ello para que no vieras que eres realmente.

Te critiqué duramente, te engañe, te confundí; y siempre estuve a tu lado sin que lo supieras, adonde quieras que fueses te seguía, es más, era como tu sombra.

Y disfrutaba en cada dolor tuyo, en cada pérdida; pues yo mismo soy la frustración encarnada y estoy lleno de avidez porque me falta algo.

Te engañé muchas veces pues soy el señor de la mentira, y la mentira vive en mí y en ella tiene forma y expresión.

Cada vez que caías me regocijaba y esperaba que no te levantases, pero tú fuerte, te ponías en pie después de cada tropiezo y eso me hacía revolverme de rabia.

Me encantaba robarte la vida y quitarte la esperanza, pero lo que más me gustaba era inyectarte el miedo y que tu mente se volviese oscura, sin horizonte y desesperases.

Soy el enemigo invisible y cuando estabas solo, estaba contigo observándote en tus largas horas de consternación, en tus rumias interiores, absorbiendo tu vida a través del miedo, de la angustia, y de los vanos deseos.

Sugestioné como pude y a quien pude para que te hicieran caer, para que te dañasen, pues te odio, te odio tanto que nada es comparable a ese odio, es tan grande como el mismo universo y no tiene fin porque aun así no llena todo mi vacío infinito que está hecho de nada; pues todo lo perdí, y por querer ganarlo todo caí.

Y por eso te ofendo y te aborrezco, porque tienes algo que no tengo, tienes y se te dió una esencia y la envidio mucho, mucho y por eso te desprecio y me desprecio a mi mismo porque de lo más alto me precipité y tengo evitar a toda costa que te des cuenta de que eres libre de verdad.

Y para eso lo que tengo que hacer es engañarte, envilecerte y envanecerte, para que te sientas tan importante como yo y así lo pierdas todo y te enojes con todos. Y así estaremos los dos en lo profundo viviendo atormentados y maldiciendo al que nos hizo caer, pues el odio nos alimenta y nos da fuerza. En el haremos planes para subir a lo alto para conquistar el fuego de arriba y no estar en este fuego que nos consume y nos produce tanto dolor, tanto, tanto.



David. 4 de noviembre de 2013.

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